viernes, 14 de noviembre de 2014

ESA NOCHE CERRO SUS OJOS

Tenía el alma roída, El pensamiento vagabundo
Su llanto crecía, su nostalgia bebía
Era sombra, mar de soledades,
Su paso marchito, su vista redoblada
Su consuelo, su recuerdo
Era todo, todo lo que tenía.

Aquella risa desvanecida
Se estremecía con sus pesares
Tantos males llenaban sus tinieblas
Tanta tragedia reinaba en sus mares.

No obstante vivía, con la misma esperanza
Con la misma fe inquebrantable
Yacía dormida y en el limbo desterraba tristezas
Su libertad gozaba y se sentía amada
Se imaginaba princesa en cuento de hadas
Hasta que despertaba

Era la voz de un imbécil que su gloria arruinaba
Los golpes exigentes de un placer egoísta exigía
La madrugada era sosegada y era pesadilla
Se sentía vacía con el alma herida.

Aquel decapitador de sueños era a la vez su padre
Verdugo humillante, antagonista de aquella niña
Llego un día con aires machistas
Perdido en las pócimas etílicas
Busco a su mujer, creyó encontrarla
Cegado se convencía que aquella noche
Sus placeres carnales satisfacía con aquella desdichada
Que desde hacía 5 años no veía
En esa misma cama.

Aquella noche nació la idea
Entre el sudor, el pudor, el llanto y
La deshonra
El filo de una navaja fue su amiga
Esa noche después de aquellas avalanchas
De caricias mal medidas
De una bestia idiotizada
Decidió volver a soñar,
A vivir su cuento de hadas

En sueños veía el caudal de un rio
Era viento libre, era la mariposa que volaba
Era la dueña de su destino.
Y se maravillaba con esa luz cegante que sus ojos miraban
Pero aquel  rio era rojo, era sangre
Fue su última imagen de su real pesadilla
Esa noche cerró sus ojos
desde esa noche jamás los abriría.

(Miguel Tapia)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario