Sólo si me siento valioso por ser como soy, puedo aceptarme, puedo ser auténtico, puedo ser verdadero.
Jorge Bucay (1949-?) Escritor y psicoterapeuta argentino.
Me encanta el yo que vive conmigo en casa, ese que me soporta, el que me acompaña, el que no se queja de mí a pesar de ser algo impaciente; A veces, si noto una cara de fastidio pero jamás me lastimaría con palabras que me rebajen. Me soporta orgullosamente, a veces, mis manías le desesperan un poquito pero no es algo que no pueda tolerar. El yo que vive conmigo en casa sabe respetar su espacio llamado hogar y lo vuelve cálido a pesar de la humildad del lugar.
En ocasiones siente el deseo de compartir su esencia y no habiendo un ente a su lado esa esencia es exclusiva para mí porque el yo que vive conmigo en casa sabe valorarse. Y sabe apreciar su momento conmigo, ya que es consciente que algún día tendrá que dividir el ser que es conmigo para ser de alguien más.
El yo que vive conmigo en casa sabe ser autosuficiente, no le teme a hacer cosas propias de la mujer porque sabe que solo son paradigmas, en su mente no se siente rebajado por tomar una escoba o tender el lavado. Y cuando cocina lo hace para complacer mi paladar, ya pasaron esas épocas en las que cocinaba para sobrevivir, pues, mi yo que vive conmigo en casa, es autodidacta, nadie le dijo como romper el cascarón de un huevo y, sin embargo, aún se le va uno que otro pedazo, pero él se ríe, también aprendió a quitarlo y no se siente el peor cocinero porque sabe que el hecho de errar es ya haberlo intentado y su progreso es resaltado por sí mismo.
El yo que vive conmigo en casa toma a la soledad como aliada, de ella ha aprendido tanto, incluso a amar en la ausencia y cuando tiene la presencia de alguien, lo sabe apreciar, pues no le pasan desapercibido las horas ni los minutos con las personas que ama. Cuando el camina al lado de un ser, es porque se ha ganado su aprecio y el tiempo dedicado no es un tiempo perdido, un breve momento donde está ausente de la soledad y esta le susurra al oído: no te olvides de mí cuando necesites de ti para reflexionar. El ser que vive conmigo en casa ha carecido de la compañía pero no desprecia a la soledad ni mucho menos le teme y por lo mismo se da el lujo de aludir a las malas compañías. Pues, ambas lo engrandecen como persona. No le importa ser catalogado de antisocial si eso le permite dividir la cantidad de la calidad.
El yo que vive conmigo en casa no se avergüenza de quien soy, no le importa si se la pasa viendo películas todo el día, si se pasa sus horas libres detrás de un libro, si se enamora de la mujer imposible y se olvida de sí mismo o si decide perderse en un problema ajeno. En ocasiones, olvida arreglarse, deja de comer o se desvela por hacer ociosidades, pero el yo que vive conmigo en casa sabe que hay la prudencia de mantenerse saludable en lo posible. El respeta su cuerpo, su único templo mientras tenga vida.
El yo que vive conmigo en casa se comunica con Dios en sus horas de reflexión, agradece el día a día, sus tropiezos y sus aciertos, sabe que es egoísta pedir a quien le ha dado tanto así que con los ojos cerrados recita un “gracias” al universo. No le pone nombre a su Dios porque no quiere caer en el conflicto del hombre de hallar su razón en una religión. El yo que vive conmigo en casa se siente libre cuando deja de humanizar a su Dios solo así siente su poder y cada vez que ve las estrellas confirma que su Dios existe y le dice “de nada”.
El yo que vive conmigo en casa se ama.
R. Miguel C. Tapia

Es super increíble. Eres un gran escritor de verdad!!!
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