Con el poder de la palabra escrita
logré mover su frío corazón inherente a su soberbia maldita;
y la hice íntima,
Desde su ser, un solo ser.
Desde su alma, un latir.
era mi palabra plasmada, la que le estremecía.
era mi fantasía en su fantasía.
era yo en ella, y ella era mi poesía.
Miguel C. Tapia.
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