Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas.
San Agustín (354-430) Obispo y filósofo.
Confieso que en estos
tres últimos años he perdido paulatinamente la fe en la religión, pero no en Dios.
Pues sé que Dios existe, no como lo pintan, no es el gran salvador ni el que
castiga, estoy cada día convencido que gran parte de lo que me pasa es producto
de mis acciones y no por cuestiones divinas. Dios no escribió mi vida en el
momento que nací. Soy yo quien escribe
cada capítulo de mi vida día a día.
A pesar de que he vivido solo por mucho tiempo
he respetado mi hogar y no me he desubicado en libertinajes. Pues lo valores
que me ha inculcado mi familia son más sagrados que la biblia, o el Corán o
cualquier otro libro que sea obra de los “profetas”. Mis valores los he
respetado, pues son parte de mí, me dan identidad así que si no los respeto, me
estaría faltando al respeto yo mismo. No se trata de no caer en excesos por el
temor al castigo de dios, más bien se trata de respetarme a mí y a los que confían en mí y en mis
procedimientos. Y por lo mismo no me arrepiento de nada de lo que haya o no
haya hecho producto de mi libertad.
Si se es consciente
que toda ley impuesta en las diversas religiones se basan en el castigo de dios
en caso de incumplirlas se entendería fácilmente que estas leyes o mandamientos
son creados por mentes ingeniosas meramente terrenales, pues de otra forma ¿cómo
hacerlas cumplir sin tener una permanente vigilancia? Temerle a un ser supremo
y poderoso es más factible que temer y respetar a una autoridad humana inexistente
dentro del grupo de Moisés si hablamos específicamente del antiguo testamento.
(Moisés era un líder mas no una autoridad en sí, si no se cree en Dios) Los diez
mandamientos son genialidad de una mente humana, son principios básicos para
una sociedad estructurada, pero, “el cumplimiento de estas leyes no los vigilo
yo, lo vigila Dios que todo lo ve y está en todas partes” ese fue el gran éxito
de Moisés para mantener en orden una muchedumbre que perdía la fe en él y en su
dios y la promesa de este, la tierra
prometida.
La vida me ha
enseñado a crear mis propios valores, a veces por los duros golpes de esta.
Pero, ¿quién no necesita de alguien que te levante? Sé que se puede levantar
uno mismo sin ayuda de nadie, pero es más fácil y más rápido cuando alguien está
tendiéndote la mano. Con esto aprendí que hay que hacer el bien sin mirar a
quien y sobre todo sin pedir nada a cambio, que las cosas más hermosas son las más
sencillas y los pequeños detalles pueden ser los más grandes regalos. Ahí es en
donde encuentro mi felicidad, sirviendo. Porque servir es uno de los valores más
humanos. Me hubiese encantado que alguien me tendiera la mano cuando más lo
necesite. No lo hubo, (o al menos eso
pensaba) pero en vez de guardarle rencor a la vida por este motivo mejor procuro
ser atento a cobijar a quien necesite abrigo. Aquí cabe añadir que cuando hago
eso, me veo tan minúsculo ante la inmensidad de los problemas que cada persona
tiene, puede ser incluso deprimente, quizá sea la razón por el cual no tengo
tantos amigos, ellos me desgastarían pues sus alegrías las hago mías y sus
tristezas también. En las fiestas, en
las salidas recreativas, en la diversión, se cuenta con muchos amigos, pero
cuando estas en las penumbras solo los verdaderos amigos están allí para
apoyarte generalmente tu lista de amigos se reduce drásticamente en las
situaciones adversas. Suelo ser de aquellos que se quedan en esta situación,
pienso que si tuviera tantos amigos, tendría yo la ventaja de refugiarme en el
amigo que está de fiesta y con la alegría para olvidarme del amigo que está
pasando por una situación difícil, al fin y al cabo él puede arreglárselas a
solas quizá esa sea una escapatoria que aplican muchas personas, es válida pero
un poco cruel.
¿Y Dios es un amigo?
Estoy convencido que Dios es lo que se quiera que sea, pero creo igual que
acudir con un amigo cada vez que necesitas de él y solamente cuando necesitas
de él, es algo no muy grato, si Dios es tu amigo es justo que también compartas
con el tus alegrías y no solo en tus pesares, es justo que cuando me encuentre
bien me acuerde de él y le esté agradecido.
Concluyo que Dios está ahí conmigo, en donde yo lo quiera
ubicar, en la religión o fuera de ella, sé que la vida es ahora, que yo elijo
como vivirla, yo elijo si quiero ser feliz o si me creeré que no merezco la
felicidad, sé que hay personas que tienen la absurda idea que entre más
infelices sean en este mundo más se estarían ganando el cielo, para una
felicidad eterna, pero la certeza de que
haya un cielo nadie la tiene por pruebas, todos se basan en la fe a la creencia
de que existe vida después de la vida. No me debe de importar si la hay o no,
mi decisión es buscar la felicidad en las cosas más elementales aquí y ahora. Habrá personas que la buscaran en el dinero,
en el poder, en la fama, yo en lo sencillo y cotidiano.
Si hablara de pecado, la religión para mí, es un pecado,
pues ha dividido al hombre en grupos, y no creo que exista una religión
verdadera pues todas han sido creadas y manipuladas por la imperfección del
hombre, incluso la religión ha utilizado el nombre de dios para hacer guerras,
para oprimir al hombre, para castigar, para matar. Si dios permite tantas religiones ¿por qué no me permitirá,
como individuo salirme de todas ellas? De igual manera seria pecado no tolerar
al prójimo que tiene devoción a una religión diferente.
A pesar de todo, me declaro todavía católico por respeto a
mi madre, pues ella ha encontrado en esta religión una forma de servir a los
demás, ella visita a los enfermos desahuciados para darles paz, para darles ánimos
en sus últimos momentos, y quizá para animarlos a hacer o decir algo que no
deben de dejar pendientes en este mundo terrenal, admiro a mi madre por eso
pues hace algo loable. Dios la bendeciría igual si hiciera lo mismo en nombre
de la religión protestante, judía, mormona, musulmana etc. Pues la buena
voluntad no conoce de religiones.
Y pensar que en mi temprana juventud pasaba por mi mente la
posibilidad de ser sacerdote.
(Miguel
Tapia)
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