miércoles, 16 de abril de 2014

CUANDO SE PIERDE LA FE EN LA RELIGION.

 Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas y te ayuda para que puedas.
San Agustín (354-430) Obispo y filósofo.

Confieso que en estos tres últimos años he perdido paulatinamente la fe en la religión, pero no en Dios. Pues sé que Dios existe, no como lo pintan, no es el gran salvador ni el que castiga, estoy cada día convencido que gran parte de lo que me pasa es producto de mis acciones y no por cuestiones divinas. Dios no escribió mi vida en el momento que nací.  Soy yo quien escribe cada capítulo de mi vida día a día.
 A  pesar de que he vivido solo por mucho tiempo he respetado mi hogar y no me he desubicado en libertinajes. Pues lo valores que me ha inculcado mi familia son más sagrados que la biblia, o el Corán o cualquier otro libro que sea obra de los “profetas”. Mis valores los he respetado, pues son parte de mí, me dan identidad así que si no los respeto, me estaría faltando al respeto yo mismo. No se trata de no caer en excesos por el temor al castigo de dios, más bien se trata de respetarme a mí  y a los que confían en mí y en mis procedimientos. Y por lo mismo no me arrepiento de nada de lo que haya o no haya hecho producto de mi libertad.
 Si se es consciente que toda ley impuesta en las diversas religiones se basan en el castigo de dios en caso de incumplirlas se entendería fácilmente que estas leyes o mandamientos son creados por mentes ingeniosas meramente terrenales, pues de otra forma ¿cómo hacerlas cumplir sin tener una permanente vigilancia? Temerle a un ser supremo y poderoso es más factible que temer y respetar a una autoridad humana inexistente dentro del grupo de Moisés si hablamos específicamente del antiguo testamento. (Moisés era un líder mas no una autoridad en sí, si no se cree en Dios) Los diez mandamientos son genialidad de una mente humana, son principios básicos para una sociedad estructurada, pero, “el cumplimiento de estas leyes no los vigilo yo, lo vigila Dios que todo lo ve y está en todas partes” ese fue el gran éxito de Moisés para mantener en orden una muchedumbre que perdía la fe en él y en su dios y  la promesa de este, la tierra prometida.
 La vida me ha enseñado a crear mis propios valores, a veces por los duros golpes de esta. Pero, ¿quién no necesita de alguien que te levante? Sé que se puede levantar uno mismo sin ayuda de nadie, pero es más fácil y más rápido cuando alguien está tendiéndote la mano. Con esto aprendí que hay que hacer el bien sin mirar a quien y sobre todo sin pedir nada a cambio, que las cosas más hermosas son las más sencillas y los pequeños detalles pueden ser los más grandes regalos. Ahí es en donde encuentro mi felicidad, sirviendo. Porque servir es uno de los valores más humanos. Me hubiese encantado que alguien me tendiera la mano cuando más lo necesite. No lo hubo,  (o al menos eso pensaba) pero en vez de guardarle rencor a la vida por este motivo mejor procuro ser atento a cobijar a quien necesite abrigo. Aquí cabe añadir que cuando hago eso, me veo tan minúsculo ante la inmensidad de los problemas que cada persona tiene, puede ser incluso deprimente, quizá sea la razón por el cual no tengo tantos amigos, ellos me desgastarían pues sus alegrías las hago mías y sus tristezas también.  En las fiestas, en las salidas recreativas, en la diversión, se cuenta con muchos amigos, pero cuando estas en las penumbras solo los verdaderos amigos están allí para apoyarte generalmente tu lista de amigos se reduce drásticamente en las situaciones adversas. Suelo ser de aquellos que se quedan en esta situación, pienso que si tuviera tantos amigos, tendría yo la ventaja de refugiarme en el amigo que está de fiesta y con la alegría para olvidarme del amigo que está pasando por una situación difícil, al fin y al cabo él puede arreglárselas a solas quizá esa sea una escapatoria que aplican muchas personas, es válida pero un poco cruel.
 ¿Y Dios es un amigo? Estoy convencido que Dios es lo que se quiera que sea, pero creo igual que acudir con un amigo cada vez que necesitas de él y solamente cuando necesitas de él, es algo no muy grato, si Dios es tu amigo es justo que también compartas con el tus alegrías y no solo en tus pesares, es justo que cuando me encuentre bien me acuerde de él y le esté agradecido.
Concluyo que Dios está ahí conmigo, en donde yo lo quiera ubicar, en la religión o fuera de ella, sé que la vida es ahora, que yo elijo como vivirla, yo elijo si quiero ser feliz o si me creeré que no merezco la felicidad, sé que hay personas que tienen la absurda idea que entre más infelices sean en este mundo más se estarían ganando el cielo, para una felicidad eterna,  pero la certeza de que haya un cielo nadie la tiene por pruebas, todos se basan en la fe a la creencia de que existe vida después de la vida. No me debe de importar si la hay o no, mi decisión es buscar la felicidad en las cosas más elementales aquí y ahora.  Habrá personas que la buscaran en el dinero, en el  poder, en la  fama, yo en lo sencillo y cotidiano.
Si hablara de pecado, la religión para mí, es un pecado, pues ha dividido al hombre en grupos, y no creo que exista una religión verdadera pues todas han sido creadas y manipuladas por la imperfección del hombre, incluso la religión ha utilizado el nombre de dios para hacer guerras, para oprimir al hombre, para castigar, para matar. Si dios permite  tantas religiones ¿por qué no me permitirá, como individuo salirme de todas ellas? De igual manera seria pecado no tolerar al prójimo que tiene devoción a una religión diferente.
A pesar de todo, me declaro todavía católico por respeto a mi madre, pues ella ha encontrado en esta religión una forma de servir a los demás, ella visita a los enfermos desahuciados para darles paz, para darles ánimos en sus últimos momentos, y quizá para animarlos a hacer o decir algo que no deben de dejar pendientes en este mundo terrenal, admiro a mi madre por eso pues hace algo loable. Dios la bendeciría igual si hiciera lo mismo en nombre de la religión protestante, judía, mormona, musulmana etc. Pues la buena voluntad no conoce de religiones.
Y pensar que en mi temprana juventud pasaba por mi mente la posibilidad de ser sacerdote.


                                                                                                                                    (Miguel Tapia)

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