En realidad, todas las cosas, todos los acontecimientos, para quien sabe leerlos con profundidad, encierran un mensaje que, en definitiva, remite a Dios. (Juan Pablo II)
Ese día desperté con la misma incertidumbre con la que me había
acostado la noche anterior, aun mi madre pensando en los peligros de llevarme
en un mar de muchedumbre no había decidido si la acompañaría o no a ese viaje
casi improvisado.
La mañana era excelente y no se veía la posibilidad de que
cambiara el tiempo, tomando esto como un buen augurio mi madre finalmente tomo
la decisión quizá un tanto obligada por mi excelente manipulación pues me
bastaron unas dos o tres lagrimas para que finalmente accediera y en un tono
molesto me dijo. –búscate una ropa blanca y vístete. Mi hermana que ya tenía
confirmado el viaje inmediatamente se ofreció a seleccionar las prendas que
cumplieran con el requisito. Más tarde entendí
que el gran problema de mi madre era que solo consiguió tres boletos y mi
hermana se había ganado el derecho por estar en el coro de la iglesia, su duda
era si llevarme a mí o a alguno de mis otros dos hermanos.
Salimos de casa y yo con la frente en alto por haber logrado
convencer a mi madre de manera no muy convencional de que me llevara. Llegamos
al lugar donde se reuniría toda la gente con boleto a una cuadra de mi casa solo para volver a mi
incertidumbre. A pesar de que hubo una organización semanas antes y que los
lugares ya estaban separados jamás tomaron en cuenta que la dificultad para
encontrar camiones disponibles y suficientes que pudieran llevar a más de 300
personas exigiera la necesidad de improvisar para encontrar los vehículos de
transporte. Nuevamente mi viajecito estaba en peligro pues no se confirmaba aun
el camión que nos llevaría.
Minutos después y luego de que varios grupitos ya habían partido
en los pocos camiones disponibles nos confirmarían que hallaron un vehículo que
nos pudiese llevar pero que tendríamos que esperar varios minutos ya que llegaría
después de hacer una entrega. – fantástico, pensé.
Decepcionante fue mi sorpresa al ver que cosa nos llevaría,
esperaba yo un camión de pasajeros tipo ats (no sé si ya se llamaban así) que
eran los únicos que conocía en ese entonces y que me parecían cómodos y resulta
que nos llevaría un camión gigante de la DICONSA que el ayuntamiento de maxcanú tan
agradablemente nos consiguió. Este apenas estaba llegando de descargar su mercancía
que llevaba en su remolque, y todos los sabíamos por el olor que guardaba en su
interior.
Ya que carecía de los asientos cómodos que yo me imaginaba
unas personas desconocidas prendieron su foco y decidieron agarrar cuatro
bancas de la iglesia y colocarlas dentro del camión hubiesen cabido mas pero
algunos quizá conscientes de lo que se vendría decidieron mejor postrarse en el
piso pues solo basto que el camión emprendiera la marcha para que se dieran
cuenta que la idea de poner bancas era errona pues estas se deslizaban con cada
movimiento del camión y en la primera vuelta que dio este una banca estuvo a
punto de voltearse con sus respectivos ocupantes . En fin, nos adaptamos no
solo a los bruscos movimientos del inmenso monstruo sino que también nos
tuvimos que adaptar a los movimientos de las bancas.
Finalmente llegamos, no sé dónde pero llegamos. El lugar era
desierto creía que iba a una ciudad pero no lo parecía así. Todo era polvo,
algunas hierbas e improvisados caminos. Caminamos no sé cuántos metros o kilómetros
pero mientras más caminábamos más y más gente nos acompañaba en nuestro
caminar. Mi madre pensando en mi prefirió ya no seguir más y armamos algo
parecido a un campamento. Almorzamos ahí, horas después varias nubes grises nos
cubrieron y mi madre comenzó a arrepentirse por haberme llevado, cayeron las
gotas pero no fue el diluvio que mi madre preocupada esperaba.
A lo lejos se oía la voz que rezaba desde unas bocinas, a
veces contaban la vida del personaje que había reunido miles de almas en ese
lugar donde yo me encontraba, en ocasiones enlazaban el noticiero. Yo la verdad
ya estaba aburrido de pasar la tarde sentado en el sucio suelo y sin poder
moverme ni divertirme como un niño normalmente lo haría pues la mirada
limitante de mi madre aparecía con cada intento de escape. Solo pensaba en el
momento de regresar a casa.
El sol comenzaba a desaparecer del firmamento, pudo haber
sido un enemigo de no ser por las nubes
grises que al parecer eran nuestras aliadas, cuando unos aviones recrearon mi vista, nunca había
visto volar tres aviones viajando juntos, luego un helicóptero sobrevolaba y
daba vueltas sobre nosotros solo eso evito mis clásicos enfados y berrinches para
exigir regresar lo más pronto posible a
casa. Y de pronto todo mundo despego en euforia, mi madre, mi tía, mi hermana y
alguien que en verdad no recuerdo dijeron. – ya llego! Ya llego! Y todo mundo
se movió del lugar donde estaban y me aferre a mi madre para no perderme entre las
olas de multitud que nos pasaban encima.
A mis ocho años no entendía lo que pasaba y no comprendía porque
tanto alboroto, no veía absolutamente nada, mi estatura no me permitía
visualizar más que cuerpos arremolinados. Mi tía se armó de coraje y nos dijo.
-ya llegamos hasta aquí, no nos vamos a
quedar sin verlo y no sé qué llevaban esas palabras que de pronto y no sé cómo
nos hizo emprender una marcha de más de 200 metros que nos llevó casi una hora
hasta que una valla nos impidió avanzar más. Esa valla fue como el final de una
meta, algo que parecía imposible alcanzar, me estaba resignando a no ver a
quien movía a estas masas todas desesperadas por verlo, pero al llegar a esa
valla, el panorama se despejo. Esa valla delimitaba el camino donde el hizo su
entrada y limpiaba de gente un pequeño sendero visual hacia donde él se
encontraba ahora. El problema ahora era saber a quién mirar pues todos vestían casi
iguales y nadie destacaba en ese escenario. Unos andamios que sostenían las
inmensas bocinas me impedían ver sin saberlo al personaje principal. Distraído mire
al cielo y vi una estrella fugaz, me importaba ver el cielo porque sabía que
esa noche habría una lluvia de estrellas y tal parece que la astronomía me
llamaba más la atención que ver a aquel dichoso personaje y yo quería ver al
menos una.
Un poco después de haber llegado a la valla quizá unos cinco
minutos después se concluyó la misa y se daba por terminada la reunión y fue en
ese momento que claramente lo identifique con su traje amarillo con su mitra de
diferente color a los demás resaltando
por mucho cuando daba sus bendiciones ¡por fin lo estaba mirando! Al igual que
la estrella fue fugaz y de lejos. pero la magia que sentí en ese instante fue
inmensa e irrepetible.
Regresamos al camión con los pies cansados, de recuerdo mi
hermana me compro un crucifijo con un líquido fluorescente que me pareció muy
bonito y llamativo, un recuerdo que me duro solo unos meses, pues lo perdí,
pero jamás perderé esa sensación mágica de esa noche. Fue un 11 de agosto de
1993 en Xoclan. Día en que vi dos estrellas, una fugaz y una eterna. Pues Juan Pablo II
siempre vivirá en el corazón de esa muchedumbre.
celebrando su canonización del dia 27 de abril de 2014
celebrando su canonización del dia 27 de abril de 2014
(Miguel Tapia)
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