Un día abrí los ojos con la nostalgia en manos,
mis lágrimas escurrían como los abiertos ríos ruidosos.
Te culpaba, Dios, por mis querellas.
Te preguntaba el porque de mi vacía vida,
Mas no me respondías.
Divague mil veces por escuchar tu respuesta y afirme que tanto silencio era por que no existías.
Hasta que un día, con la fe perdida, me llamaste.
-¿Que mas has de querer tu de mi? Acaso ¿No te basta con darte vida?
Calla tus reproches y vive tu vida pues no eres marioneta mía,
Lamentate si quieres o bendice tu dicha, pues aún te quedan atardeceres. Pues aún te queda vida.
Desperté yo esa mañana y mire el sol unos instantes, su luz me cegó por breve espacio de tiempo y fue entonces cuando comprendí sus palabras:
La vida tiene un sol llamado tristeza que al mirarlo obsesionadamente nubla la dicha de mi alegría.
(Miguel Tapia)
mis lágrimas escurrían como los abiertos ríos ruidosos.
Te culpaba, Dios, por mis querellas.
Te preguntaba el porque de mi vacía vida,
Mas no me respondías.
Divague mil veces por escuchar tu respuesta y afirme que tanto silencio era por que no existías.
Hasta que un día, con la fe perdida, me llamaste.
-¿Que mas has de querer tu de mi? Acaso ¿No te basta con darte vida?
Calla tus reproches y vive tu vida pues no eres marioneta mía,
Lamentate si quieres o bendice tu dicha, pues aún te quedan atardeceres. Pues aún te queda vida.
Desperté yo esa mañana y mire el sol unos instantes, su luz me cegó por breve espacio de tiempo y fue entonces cuando comprendí sus palabras:
La vida tiene un sol llamado tristeza que al mirarlo obsesionadamente nubla la dicha de mi alegría.
(Miguel Tapia)
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