Como un loco sonriendo
Y tras de mi alma un incendio
Mis ríos no desbordan pero mis ganas abundan
El llanto ahogado
El frio,
La ausencia.
Fingiendo cordura,
Esa dureza que en el fondo no tengo
Se debilita,
Se quiebra,
Se vuelve nada
Y las ramas de la sensibilidad crecen
Me miro al espejo, rio con mis ojos nublosos
Lubricados por esas aguas traidoras que brotan
Y de coraje golpeo el reflejo con el puño.
Si, solamente soy un ser fingiendo no ser.
Estoy marchito,
Acabado,
El reflejo se ha ido, ya no hay reflejo
¿Ahora a quien le finjo?
¿Por quién vivo?
De los nudillos la sangre corre
La dejo correr,
Mi alma está más lastimada,
Los sueños rotos,
Los aromas sombríos
No es la sangre, huele a tristeza.
De azul a rojo.
Todo es rojo
Su recorrido tiñe mi mano,
Mi brazo y mi alma.
Otro puñetazo suena,
Ahora es sobre la sangre derramada
Sobre los vidrios rotos en el lavabo
Todo ahora es furia y salvajismo.
Arranco el marco sobreviviente del espejo
Lo arrojo tratando de arrojar mi vida al vacío
Y el vacío se apodera de mí.
Me siento tan nada
Tan mortal,
tan insignificante.
¿A quién le finjo ahora reflejo ausente?
¿A quién le demuestro lo fuerte que no soy?
Y me acuclillo
Y lloro, lloro en el rincón del baño,
En mi espacio de soledad,
Ahí donde descubro lo frágil que soy.
Ahí donde no puedo fingir,
Mi reflejo se ha ido
Y con él, mi vida.
¡Estúpido!
Digo yo dándome golpes a la cabeza,
¿Quién eres tú?
¿Por qué sueñas?
¿Por qué te ilusionas?
Todo culpa mía es,
No debí amarle,
No debí quererle.
Pero no me arrepiento
no lo hago.
ni lo haré.
te soñé
y te seguiré soñando
hasta que esta sangre deje de correr.
(Miguel Tapia)
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