No basta decir solamente la verdad, mas conviene mostrar la causa de la falsedad.
Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.
Después de haber llorado amargamente tendido en su cama la noche anterior. Después de repasar una y otra vez mentalmente la escena de infidelidad de su pareja del cual fue testigo a escondidas, llego la hora del encuentro.
Ella le saludo como lo hacía siempre, con esa hermosa
sonrisa. Le dio un beso y tomo una silla de aquel café donde un día se
conocieron, no tenía idea de las lágrimas que había derramado aquel hombre a
causa suya.
-¿qué tienes? Te noto raro. –le pregunto ella
-nada –le respondió secamente intentando ocultar sus
sentimientos.
-¡vamos! Sabes que te amo. Cuéntame lo que te pasa.
Al escuchar eso clavo su mirada en la de ella recitando
mentalmente muchos pensamientos llenos de rabia. Pero se serenizó para no
exteriorizarlos.
-¿me amas? Le pregunto a la chica sin quitarle la mirada de
sus ojos.
-¿lo dudas? Respondió con cierto enfado.
El tipo bajo su mirada al Té que previamente había pedido,
suspiro intentando liberar la tensión que llevaba por todo el cuerpo y volvió a
mirarla, pero no se atrevió a decir palabra alguna.
La chica observo que algo pasaba y se obligó a romper el
silencio para averiguar qué era lo que sucedía. Le dio un sorbo al café que
recientemente le había traído un empleado de aquel tranquilo y vacío lugar.
-te amo. –le dijo ella. Con su voz más dulce.
Generalmente el respondía con un “y yo a ti aún más” y después de eso ella le reprendía por ser
frío al decir palabras tan simples. Le decía que ella le amaba infinitamente más
en un estilo casi infantil, era un juego de niños que en sus buenos momentos
era divertido, pero a el ya no le causaba gracia.
Ella cambio su semblante al no escuchar las palabras que el
protocolo que ellos habían inventado marcaba. En vez de un “y yo a ti aún más”
el pregunto:
-¿Cuánto?
Sorprendida intento mantenerse en ese juego de palabras que
tantas veces se dijeron.
-te amo infinitamente, cientos de miles y miles de millones
y millones y millones de infinitos más que tú a mí –sonrió inocentemente.
Después de escuchar las palabras que esperaba escuchar se
levantó, tomo los billetes suficientes para pagar la cuenta y…
-Solo quería que me mintieras a la cara para poderte dar el
valor que te mereces. ¿Sabes? Te amo. Y mi simple frase seca fue más que tus
palabras adornadas porque te decía la verdad. Al final descubrí que tus miles
de millones y millones de “te amos” infinitos tienen el tamaño de una manzana.
Porque una acción vale más que mil palabras. Que tengas suerte en tu vida. – y
se marchó con el orgullo herido y con la dignidad intacta.
Fragmento: líneas de mi propia vida.
Miguel Catzim Tapia
No hay comentarios.:
Publicar un comentario