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sábado, 2 de abril de 2016

MIENTRAS SIGAMOS VIVOS

Callé los "te amos" porque sabían que eran perecederos.
Callé los "yo tambien" ante su relatividad
aguarde la cordura por tus delirios
y racioné las migajas de tu amor,
como para que nunca se acabara,
como para que tu éxtasis perdurara,

para que la historia continuara
y así, poderme llenar de recuerdos,
de aquellos bonitos,
aquellos que la historia guarda
mientras sigamos vivos.


R. Miguel C. Tapia

viernes, 17 de julio de 2015

LA FLOR DE LA CONQUISTA DIARIA.

La memoria es una experiencia sustituta, en la cual se da todo
 el valor emocional de la experiencia actual sin su tensión, sus visicitudes y sus perturbaciones.
John Dewey (1859-1952 ) Filósofo estadounidense.

En el filo de la noche yacía en la cama con los ojos abiertos aguardando la mañana, sus pensamientos divagaban en esa figura femenina que horas antes le había regalado una sonrisa.
-¿Porque? - Se tomaba los cabellos con desesperación al no poder deshacerse de su encanto.
-Un solo cruce de miradas, una sola sonrisa y ¿ya estoy perdido por ella? ¡No puede ser! -Se decía con rabia, pues sabía que de ahora en adelante su presencia no pasaría desapercibida en la oficina.
Para un chico tímido como lo era solo le aguardaban dos opciones: O bajaba la mirada al verla o dejaba que la magia lo inundara.
Permaneció despierto hasta que los cantos matinales de las aves lo sacaron de su profundo pensamiento, era hora de decidirse. Suspiro, cerro los puños con fuerza cual guerrero a punto de asestar un golpe al enemigo. Sabía que el primer obstáculo a ella era el mismo. Así que apretando con fuerza su puño se dijo:
-¡YO PUEDO! -Y así comenzó su hazaña.
Tomando una hoja de papel y haciendo uso de su destreza en las manualidades que su hermana le obligo a aprender construyo algo parecido a una rosa y en uno de sus pétalos escribió:
TU SONRISA ES MÁGICA
POR FAVOR,
REGALAMELA CADA MAÑANA.
36 años después de esa fría noche despertó abrazado de una dama que al despertar lo aparto con furia de su lado.
¿Quién eres? Le pregunto con el rostro tenso, furiosa y a la vez atemorizada.
-Tranquila mi hermosa viejita, soy yo. -le dijo sin poder calmarla.
-¿quien? No te conozco. ¿Qué haces aquí? -le Pregunto con la voz temblorosa.
-Tranquila, ¡mira! -le dijo metiendo la mano dentro de un estuche de porcelana que emitía al abrirse una suave melodía musical.
Al sacar la mano y cerrar el estuche el rostro de la mujer se fue serenando lentamente.
-Toma -le dijo él.
Al recibir el objeto, desplegó una sonrisa, la misma sonrisa que desde hacía 36 años le había enamorado.
-Humberto – alcanzo a decir con una mirada tierna y amorosa.
Era la misma flor que un día le regaló y que ahora, desde hace dos años le regalaba cada mañana como si fuera la primera vez que lo hacía.
Con eso la conquistaba todos los amaneceres y él se conformaba con verle esa sonrisa mágica dibujada en su rostro, un rostro, que a menudo lo opacaba el alzhéimer.
Gracias a esa hermosa flor ella lo reconocía por unos instantes.
Un pequeño detalle que le marco toda su vida.
Un "YO PUEDO" que se recita con orgullo todos los días cual guerrero que era.



Miguel Tapia



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viernes, 10 de julio de 2015

EL VALOR QUE TE MERECES.

No basta decir solamente la verdad, mas conviene mostrar la causa de la falsedad.
Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.

Después de haber llorado amargamente tendido en su cama la noche anterior. Después de repasar una y otra vez mentalmente la escena de infidelidad de su pareja del cual fue testigo a escondidas, llego la hora del encuentro.
Ella le saludo como lo hacía siempre, con esa hermosa sonrisa. Le dio un beso y tomo una silla de aquel café donde un día se conocieron, no tenía idea de las lágrimas que había derramado aquel hombre a causa suya.
-¿qué tienes? Te noto raro. –le pregunto ella
-nada –le respondió secamente intentando ocultar sus sentimientos.
-¡vamos! Sabes que te amo. Cuéntame lo que te pasa.
Al escuchar eso clavo su mirada en la de ella recitando mentalmente muchos pensamientos llenos de rabia. Pero se serenizó para no exteriorizarlos.
-¿me amas? Le pregunto a la chica sin quitarle la mirada de sus ojos.
-¿lo dudas? Respondió con cierto enfado.
El tipo bajo su mirada al Té que previamente había pedido, suspiro intentando liberar la tensión que llevaba por todo el cuerpo y volvió a mirarla, pero no se atrevió a decir palabra alguna.
La chica observo que algo pasaba y se obligó a romper el silencio para averiguar qué era lo que sucedía. Le dio un sorbo al café que recientemente le había traído un empleado de aquel tranquilo y vacío lugar.
-te amo. –le dijo ella. Con su voz más dulce.
Generalmente el respondía con un “y yo a ti aún más”  y después de eso ella le reprendía por ser frío al decir palabras tan simples. Le decía que ella le amaba infinitamente más en un estilo casi infantil, era un juego de niños que en sus buenos momentos era divertido, pero a el ya no le causaba gracia.
Ella cambio su semblante al no escuchar las palabras que el protocolo que ellos habían inventado marcaba. En vez de un “y yo a ti aún más” el pregunto:
-¿Cuánto?
Sorprendida intento mantenerse en ese juego de palabras que tantas veces se dijeron.
-te amo infinitamente, cientos de miles y miles de millones y millones y millones de infinitos más que tú a mí –sonrió inocentemente.
Después de escuchar las palabras que esperaba escuchar se levantó, tomo los billetes suficientes para pagar la cuenta y…
-Solo quería que me mintieras a la cara para poderte dar el valor que te mereces. ¿Sabes? Te amo. Y mi simple frase seca fue más que tus palabras adornadas porque te decía la verdad. Al final descubrí que tus miles de millones y millones de “te amos” infinitos tienen el tamaño de una manzana. Porque una acción vale más que mil palabras. Que tengas suerte en tu vida. – y se marchó con el orgullo herido y con la dignidad intacta.
Fragmento: líneas de mi propia vida.

Miguel Catzim Tapia




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