Exigir a los progenitores, para respetarlos, que estén libres de defectos y que sean la perfección de la humanidad es soberbia e injusticia.
Silvio Pellico (1789-1854) Escritor italiano.
Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa. Durante
largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia.
Su mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de
bien, respetado por los demás, ya que para lograrlo dedicó su vida y su escasa
fortuna.
A los setenta años Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin
esperanzas, solo y lleno de recuerdos. Esperaba que su hijo, brillante
profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin
que este apareciera y decidió por primera vez en su vida pedir un favor a su
hijo.
Don Roque tocó la puerta de la casa donde vivía su hijo con
su familia.
-¡Hola papá! ¡Qué milagro que vienes por aquí!
-Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy
solo, además estoy cansado y viejo.
-Pues a nosotros, nos da mucho gusto que vengas a
visitarnos, ya sabes que esta es tu casa.
-Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero temía
ser un estorbo.
-Entonces ¿no te molestaría que me quedara a vivir con
ustedes? ¡me siento tan solo!
-¿Quedarte a vivir aquí?, sí... claro... pero no sé si
estarías a gusto, tu sabes, la casa es chica mi esposa es muy especial... y
luego los niños..
-Mira hijo, si te causo muchas molestias olvídalo, no te
preocupes por mí, alguien me tenderá la mano.
-No padre no es eso, solo que, no se me ocurre dónde podrías
dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían, o
solo que no te moleste dormir en el patio.
-Dormir en el patio está bien.
-El hijo de Don Roque llamó a su hijo Luis de doce años.
-Dime papá.
Mira hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Tráele
una cobija para que se tape en la noche.
-Sí con gusto. ¿Y donde va a dormir?
-En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa.
Luis subió por la cobija, tomó unas tijeras y la cortó en
dos. En ese momento llegó su padre.
-¿Qué haces Luis? ¿Por qué cortas la manta de tu abuelo?
-Sabes papá, estaba pensando...
-¿Pensando en que?
-En guardar la mitad de la cobija para cuando tú seas viejo
y vayas a vivir a mi casa.
Anónimo
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